jueves, 20 de agosto de 2009

UNA VIRGEN CUBANÍSIMA, Jorge Luís González Suárez

El Vedado, La Habana, 20 de agosto de 2009, (SDP) La tradición Católica cubana está arraigada desde los inicios de la colonización de Cuba por Cristóbal Colón, sea porque fue impuesta a los nativos en parte o por la asimilación de estos a la fe de los conquistadores, esta religión ha primado a partir de entonces en el sentir de una mayoría de la población.

Del amplio santoral hay una a la cual se le profesa culto con mucha devoción ; la Virgen de la Caridad del Cobre , patrona de Cuba , título otorgado por S.S Benedicto XV a petición de los Veteranos de la Independencia por el sentir popular el 21 de agosto de 1916.

En el 2008 se publicó el libro póstumo de Don Fernando Ortiz “La Virgen de la Caridad, Historia y Etnografía “. La compilación, prólogo y notas son de José A Matos Arévalos y publicado por la fundación que lleva su nombre con el auspicio de otras entidades.

El texto mencionado abarca un estudio desde diferentes ángulos entre otros la devoción cubana, su historia y aparición, origen de la imagen, elementos hispánicos, virgen flotante y marinera, símbolos y elementos paganos entre otros.

El autor de la obra señala los principales documentos que conforman la bibliografía sobre la Virgen. Los autos primeros de inicios del siglo XVII, los autos segundos de 1688, ambos perdidos, los manuscritos inéditos de los padres Onofre de Fonseca de 1703 y Julián Josef Bravo en 1766 y el escrito publicado de Bernardino Ramón Ramírez en 1782.

Se toma como fecha tradicional de su aparición el año 1628 en la Bahía de Nipe, región oriental de Cuba. Son tres los hombres que la hallaron flotando en las aguas encima de una tablilla cuando salieron después de una tormenta en busca de sal; Juan Diego, Juan Hoyo y Juan Moreno. La inscripción que acompañaba a la maravillosa imagen era “Yo soy la Virgen de Caridad “. A sus descubridores se les conoce según la leyenda por los tres Juanes.

El texto en cuestión aborda todas las y contradicciones de los documentos históricos mencionados y otros más obviando el análisis apologético y eclesiástico ya que según Ortiz en la introducción señala que: “Es un tema cubano lo que nos interesa”.
Este libro que su creador dejo inconcluso en capítulos, fichas y datos acumulados desde 1929 aproximadamente, hace muchas disquisiciones aportando una información erudita, válida para un conocimiento mayor de esta santificada imagen.

Quiero por mi parte destacar algunas cuestiones que el texto por su intención y fecha no aborda o hace de manera moderada, la relación existente entre creencia y pensamiento social.

Nuestro sabio polígrafo nos explica como nuestra Virgen fue símbolo de unidad para las tropas mambisas en la contienda libertadora contra España como guía de la cubanidad
Durante la lucha insurreccional contra Batista fue llevada de forma íntima en escapularios y estampas tanto por miembros del Ejército Rebelde como por los soldados de las Fuerzas Armadas tradicionales en busca de resguardo a sus vidas y solicitud de milagros en las acciones

Ella ha servido también de unión familiar y amistad entre personas que cada 8 de septiembre día de su celebración concurren a su santuario, a la iglesia o al altar del hogar donde se le venera y rinde tributo como merecido homenaje al brindarnos su protección y servirnos de guía espiritual en el camino de la concordia.

Por su relación marítima representa la seguridad invocada por todos aquellos que su labor se desenvuelve en el mar. El escritor Ernest Hemingway ofrendó su medalla del Premio Nobel a nuestra virgencita pues su protagonista en “El Viejo y el Mar “se encomienda a ella cuando está luchando por sacar el enorme pez de las aguas.

Agreguemos que su presencia ha sido una fórmula para borrar diferencias raciales, económicas y sociales dentro de la vida popular al crear en cada individuo creyente o ateo el respeto y la consideración entre todos independiente de lo que sea cada cual.
Nos acercamos a un aniversario más de la aparición en nuestra Patria de esta advocación de la Madre de Dios. Sentimos júbilo pues su presencia nos fortalece y nos lleva de su mano para cada día ser mejores ciudadanos en este mundo.

Son muchísimos los milagros atribuidos a nuestra Santa Patrona. La fe que existe en muchos corazones nos hace rogar porque se cumplan nuestros deseos, es mi sentir y seguro el de muchos de mis compatriotas que obre con el mayor prodigio que anhelamos como comunidad, la unificación total de los cubanos en su suelo sin distinción de fe, razas y credos, para con la ayuda de su grandiosa figura obtener la patria que soñó Martí: “Con todos y para el bien de todos”. primaveradigital@gmail.com