jueves, 13 de agosto de 2009

GRATUIDADES INDEBIDAS. Amarilis C Rey




Managua, La Habana, agosto 13 de 2009 (SDP) La sorpresa y el desconcierto fueron los sentimientos expresados por quienes en Cuba reciben una chequera de asistencia social y han quedado prácticamente en el aire, al abolirse esta medida.

En ocasiones, el presidente del Consejo de Estado, Raúl Castro, se ha referido en sus discursos a las gratuidades indebidas como apéndices a valorar debido a la crisis por la que atraviesa la economía cubana. Sin embargo, al parecer nadie imaginó que la soga comenzara a quebrar por la parte más débil: la maltrecha subsistencia de los que menos recursos poseen.

Carmen Pérez Gil tiene 90 años y depende de su único hijo, Lázaro Basalto, quien no puede trabajar ya que no tiene quien cuide a su madre enferma de varias patologías.
Ambos dependen fundamentalmente de la chequera de 85 pesos que recibe esta anciana de la asistencia social. Su esposo fue fusilado en 1959. Era capitán del ejército constitucional.

“Ahora no sé de qué voy a vivir ni con qué voy a pagar las medicinas de mi madre”,
dice Lázaro. “El día primero cuando fui al correo a cobrar la chequera, había muchas personas y todos nos quedamos lelos cuando salió la administradora del correo y nos dijo que ya no cobraríamos más, que había que entregar la chequera en el municipio.
De allí hubo gente que salió llorando”.

Esta chequera fue aumentada hace dos años de 65 a 85 pesos mensuales, menos de cuatro dólares.

Ahora la otra preocupación de Lázaro es con qué pagará un equipo de refrigeración que cambió durante el programa energético del gobierno. “De los 85 pesos me descuentan $44 por el refrigerador, ahora con el lío que hay con eso de que quieren llevar a los tribunales a los que no pagan, yo no sé que voy a hacer. Ahora la vida se nos hará aún más difícil y yo tendré que dedicarme a cosas tildadas de ilegales,” expresó.

Silvia, de 50 años, tiene un hijo esquizofrénico. Ella cree que la medida es despiadada por lo radical de su aplicación. “Yo no puedo trabajar”, comenta. “¿Con quien dejo a mi hijo? No recibo más ayuda de nadie. Creo, y no me importa lo que me pase por decir esto, que esa medida no debió tomarse así, que debieron analizar los casos con más responsabilidad. Tampoco avisaron, me enteré cuando fui a cobrar. Uno contaba con ese dinero, que no es mucho pero es el único.”

El esposo de Gloria perdió una pierna en un accidente de trabajo. Ella explica que él está en espera de un peritaje médico que nadie sabe cuanto puede demorar. Ahora también fue afectada con la nueva medida. “Yo recibo una pensión alimentaria de 95 pesos, también tenía esta de 85, que me la quitaron ¿Como vamos a vivir dos personas mayores y enfermas con menos de cien pesos al mes? Y el peritaje puede demorarse lo que ellos quieran, de todas formas, aquí a nadie le importa nada.”


Algunas de estas personas afectadas, residentes todas en el municipio Arroyo Naranjo, en Ciudad de La Habana, aseguran haber acudido con estas y otras inquietudes a instancias gubernamentales de donde dicen haber obtenido el pago de solamente otro mes más.

Aunque en muchos casos perseguidos por la policía, pensionados o asistidos por el gobierno, gestionaban su vida vendiendo diversos artículos en la vía pública para aumentar sus exiguos ingresos. Quizás esta práctica considerada ilegal por las autoridades cobre nuevos adeptos en nuestra actualidad más crítica cada día.
amarilisrey@yahoo.com