jueves, 13 de agosto de 2009

ENCUENTRO ASTRAL CON MARTICA, Y LA BATALLA CON UN INDIVIDUO, Ramón Díaz-Marzo (del “Libro de los Sueños”)

Cuando niño tuve sueños espantosos. Después de hombre mis sueños son como guiones de cine, donde es como estar mirando una película terrible pero no hay peligro. En mis sueños he flotado en el aire, me han revelado orientaciones, pero nunca he sentido desamparo, peligro, miedo.

Desde hace dos noches correspondientes al día 13 y 14 (junio 1995) en sueños, he comenzado a frecuentar zonas donde seres espantosos quieren hablarme, y el guión de la "película" es confuso y la mayor parte de la historia al despertar, no la recuerdo; y me queda sólo la sensación de haber sufrido.

Por ejemplo, en la madrugada del día 14 supongo que he tenido un encuentro Astral con Martica. Durante el contacto, yo tenía plena conciencia de todo el abismo de errores y malentendidos que nos llevó a la separación. Pero contrario al sentimiento que he experimentado cuando la he visto en la vida real, en ese mundo de los sueños (astral), había algo de alegría, de reconciliación. Esa alegría ella también la experimentaba. Era como si nuestra relación fuera a reanudarse. Creo que el encuentro se estaba efectuando en un parque, ya de noche. Pero inesperadamente apareció en la escena un individuo cuya historia personal conozco dentro del sueño, y no en la vida real. El individuo es bisexual, y se burla de mi relación con Martica. Ello me molesta y comienzo a golpearlo. La batalla cuerpo a cuerpo se inicia, y a puñetazos nos vamos desplazando por las calles de la Habana Vieja como en una danza de guerra.

Mientras el individuo y yo nos golpeamos, yo percibo que Martica, que nos sigue de cerca, está de mi parte.

El individuo y yo llegamos hasta las calles de Muralla y San Ignacio, y allí tengo la buena suerte de asestarle un puñetazo en la cara, y él cae noqueado. Al caer, lo hace frente a una alcantarilla que le falta la rejilla por donde el agua desagua. Así que el individuo cae dentro de la alcantarilla lo suficientemente profunda para taparlo por encima de la cabeza. El individuo con vida hace unos últimos esfuerzos por no ahogarse y Martica y yo observamos como el agua se mueve en remolinos poderosos: es el individuo tratando de salir del hueco de la alcantarilla.

Estoy consciente de que el individuo, si lograra salir del hueco de la cloaca a la superficie de la acera, podría ganarme la pelea. Y ese sentimiento Martica también lo experimenta. Entonces provenientes de algún lugar cercano unos cristales estallan. Parte de aquellos cristales llegan hasta nosotros. Martica, más decidida que yo, toma un pedazo de cristal en forma de puñal, se detiene ante el cuadrado de la cloaca, lo hunde en el agua una y otra vez hasta que un color rojizo comienza a brotar entre las aguas, y al individuo no lo vemos más. Yo hice otro tanto con un pedazo de vidrio, pero a diferencia del de Martica en forma de puñal, el mío es largo como una lanza que hundo una y otra vez en las aguas enrojecidas hasta que nos convencemos de que el individuo está muerto.

Lo que sigue a continuación es la alegría entre Martica y yo que hemos librado una batalla limpia, honesta, dignamente ganada a pesar de que en su fase final, en vez de uno, fuimos dos contra uno.

Martica y yo comenzamos a alejarnos del lugar cogidos de la mano como en el principio los novios suelen hacer con los amores felices. Pero me faltó mencionar que a la altura de la etapa final de la batalla, alrededor de la cloaca, un coro de gentes del barrio nos han rodeado y como espectadores pasivos fueron testigos del ¿ajusticiamiento, asesinato?

Martica y yo, con la magia de los sueños, una vez terminada la batalla, logramos confundirnos con los espectadores, y entonces nadie sabe quién o quiénes le han dado muerte al individuo. Esto significa que los espectadores nos buscan, y como para entonces nosotros formábamos parte de los espectadores, también nos buscábamos a nosotros mismos.

En algún momento del sueño logramos salir de aquel círculo de busca inútil y nos perdemos en la ciudad (Habana Vieja). Hay mucha gente buscando a los asesinos del individuo en el charco, a pesar de que alguna de las opiniones de las gentes que nos busca de que nosotros hemos matado en defensa propia.

Luego cuando desperté en la barbacoa de mi habitación en el Montserrat-Hotel, percibí el sabor real de que en efecto, había cometido un crimen. Entonces recordé la alusión, leída en un articulo sobre el CIRCULO HERMETICO, sobre el Yo y el Subconsciente de Jung.

Me pregunté entonces, si estaba en condiciones de hacer una interpretación de aquella pesadilla desde el psicoanálisis, quien era el muerto, quien era el asesinado. Es decir: la revelación trata de que entre Martica y yo, mientras duró la relación en la vida real, yo y ella para cada uno no éramos una sola persona, sino tres. Y el muerto o asesinado del sueño ha sido una parte de mí mismo y una parte de Martica. De lo cual se desprende que cuando dos seres se juntan con su individualidad crean con los sentimientos y las emociones propias del amor físico, sexual, y emocional, una tercera identidad. Pero lo último que he interpretado es que el asesinado soy yo mismo. Yo mismo intenté, en vano, acabar con mis verdaderas inclinaciones en aras de “un amor” que, según Sigmund Freud es un “estado transitorio de locura”.
Junio 14 1995
ramon597@correodecuba.cu