jueves, 18 de junio de 2009

COSTOSA DIVERSION, Amarilis C. Rey



La Habana. Junio 14 de 2009 (SDP). Con gran entusiasmo, seis jóvenes se dirigieron el pasado fin de semana hacia la zona de Puerto Escondido, donde las condiciones de la naturaleza brindan a los cubanos una de las pocas opciones que existen a su alcance para el solaz y el recreo,“El campismo popular.”

En uno de estas bases de campismos, Peñas Blancas, habían reservado para varios días, pero la estancia duró muy poco.

“Desde que llegamos estuvimos de mala suerte. La cabaña que nos tocó tenía las ventanas rotas. Regresamos a la oficina y dijimos que nos la cambiaran. La que nos dieron entonces quedaba bastante separada de las demás, aunque había otras que también estaban vacías. Pero por no seguir protestando nos conformamos”. Narró uno de los jóvenes, que junto a otros cuatro de los campistas frustrados, cursa en un centro tecnológico el primer año de informática, El otro estudia comercio en un centro de enseñanza media.

“Yo noté que en la oficina cuando llegamos, la empleada que nos dio entrada, nos miraba de arriba abajo como tramando algo, pero después pensé que eran ideas que me hice”, expresó otro de los adolescentes.

Todo parece indicar que la poca experiencia y los deseos de pasarla bien, nublaron todas las sospechas iniciales y después de instalados nuevamente, se encontraban dispuestos a divertirse.

“Al poco rato de estar allí,”- continuó el joven- “decidimos ir todos a dar un paseo y de paso pedir la cuota de víveres que no nos entregaron y que le toca a cada campista, pero que a nosotros no llegaron a dárnosla. Entonces se nos acercaron unos muchachos y nos dijeron que llevaban varios días en la base, y que esa noche tenían una fiesta y que podíamos ir. Nos alegramos con la invitación. Viramos y a preparamos, y al poquito rato fuimos para la descarga”.

Sin embargo para sorpresa de estos jóvenes, terminada la fiesta, solo contaban con la ropa que llevaban puesta.

“Al regresar a la cabaña vimos que nos lo habían robado todo”. –afirmó. “Fuimos al otro día a la oficina, contamos lo sucedido, y el empleado dijo que llamaría a la policía.”

Dos de estos jóvenes pudieron salir del lugar en el auto de la madre de uno de ellos, que enterada de lo ocurrido, fue ese mismo día a buscarlo. Los demás quedaron con la promesa del director del campismo de mandarlos a sus casas en “cualquier cosa que saliera de allí”. En teoría estos lugares deben tener una base de transporte para los usuarios.

“Pero parece que no salió nada”- dijo otra de las madres – “y los cuatro tuvieron que caminar diez kilómetros para llegar a un punto de la carretera de Vía Blanca y allí tratar de coger algo que los condujera de regreso a la Ciudad de La Habana. Fue una irresponsabilidad muy grande dejar salir a esos muchachos solos, pero bueno aquí las cosas son así. Yo les dije que a esos lugares uno lleva la ropa más mala que tenga, pero ellos no escucharon. Mi hijo llevó una mochila y alguna ropita que hacía pocos días le había traído el padre que vive en Estados Unidos y nos visitó. Mi hijo estuvo esperando tiempo por esa ropa, y mira que rápido la perdió.”

Algunos de los padres afirman que la policía fue a investigar al lugar de los hechos, pero hasta el momento no había ningún resultado.

“A esos campismos la gente lleva hasta drogas, es muy peligroso, tuvieron suerte que no los mataron para quitarle un par de zapatos o cualquier otra cosa.,” dijo la abuela de otro de los muchachos. Y agregó:” Ellos son estudiantes, no se pasan el día vagabundeando como la mayoría de esos jóvenes que ni estudian ni trabajan y se dedican a delinquir.”

Las Bases de Campismo Popular, fueron creadas en Cuba en la década de los 80, poco tiempo antes de prohibir la entrada de los ciudadanos cubanos a los hoteles y otros centros turísticos. El campismo se promocionaba entonces como única opción de sano esparcimiento. Y aunque aún su rol está vigente, todo parece indicar, que tampoco escapa a la delincuencia que nos asiste en nuestros días.
amarilisrey@yahoo.com



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