jueves, 6 de agosto de 2009

ME SABRÁ PERDONAR, Guillermo Fariñas Hernández


La Chirusa, Santa Clara, 6 de agosto del 2009 (SDP) La Revolución Cubana tiene al menos el logro de encubrir a la prostitución. Logró convertirla de una actividad pública y degradante en una acción bien encubierta, pero más corrompida aún. Ni los máximos dirigentes cubanos ya se atreven a afirmar que las meretrices desaparecieron con el socialismo.

Otro resultado del castrismo como sistema político-social es el de cambiarle los nombres a las instituciones y decir que eso es un nuevo triunfo suyo.

Antes de 1959, a los policías de barrio se les conocía como “policías de ronda”. Con la Revolución Socialista, a esos mismos gendarmes se les denomina “jefes de sector”.

Un jefe de sector de la Policía Nacional Revolucionaria (PNR) es un vigilante uniformado asignado a toda una barriada. Cada uno de estos posee un pequeño local dentro de la demarcación. Su objetivo es prevenir al delito en el terreno, tener un contacto diario con sus habitantes y conocer a los potenciales delincuentes del vecindario.

Una importante cuestión que siempre olvidan los “iluminados” líderes es que estos oficiales de la Policía Criminal no son portadores de los privilegios materiales que ellos reciben. Por lo tanto, como casi la inmensa mayoría del pueblo cubano, también tienen que acudir a realizar acciones fuera de la ley para sobrevivir.

Para decirlo en pocas palabras, gran parte de los jefes de sectores de la PNR se dejan comprar para poder satisfacer las necesidades de alimentación, vivienda y muchas otras de sus familiares. Aunque vistan sus azules trajes, estos policías de cerca de casa, no viven en una urna de cristal y comprenden que lo que garantiza el estado totalitario, no alcanza.

Al ser cubanos de carne y hueso, son influenciados por el enraizado sentimiento machista. Una cosa de la que se aprovechan quienes rompen la legalidad en el sector urbano a ellos determinado, con constantes ofertas de recibir sexo a cambio de no hacer cumplir lo establecido en esos casos.

Así tenemos que las vendedoras ilegales de mercancías robadas de los almacenes del estado socialista, conocidas popularmente como “merolicas” o “luchadoras”, cuando se ven muy reprimidas por el jefe de sector, acuden a un último recurso. De estar apetitosas sexualmente, ellas pueden entregarse al policía a cambio de su silencio.

Si quien viola la ley es un hombre, que pudiera ser el padre o hermano, piden un sacrificio supremo a la fémina dispuesta a lograr la prosperidad económica de la familia. Las más hermosas mujeres de la casa donde se quebranta la legislación, se transforman en una especie de carnada erótica respecto al policía de la barriada.

El mayor trance de ignominia en una familia se comienza a observar que va cada día en aumento. Es la entrega al gendarme por parte del esposo de su cónyuge. Es un modo desesperado de mantener a toda costa las ganancias fuera de la ley. La moral familiar cae en la basura debido a la pérdida de los valores éticos en la sociedad.

Esta modalidad de prostitución a veces se trata de camuflar tras una aparente amistad con el jefe de sector, quien visita y comparte en la vivienda de marras. Mas los del vecindario, aunque aterrorizados ante el represor, no son tontos. Sobre estas cuestiones, mejor es mantener la boca bien cerrada, pero saber algo sucio a quien por oficio los reprime.

Aunque el aparato de control social y propaganda del régimen intente proyectar ante el mundo que los únicos corruptos fueron los antiguos y derrotados “policías de ronda”, la vida cotidiana de esta Cuba que se despedaza entre sus hijos, demuestra todo lo contrario, porque aquí, junto con la democracia, se perdió en muchos casos la moralidad.

Los residentes en Cuba saben del fenómeno humillante ante la presión gubernamental, le llaman al mismo “la dolorosa entrega familiar”.

Una famosa merolica de la ciudad de Santa Clara, de cuyo nombre es preferible no acordarse, acotó a este redactor: “Para que mis hijos coman cada día, me acuesto con los policías y después me lavo bien…. yo sé que Dios me sabrá perdonar”.
cocofari62@yahoo.es