jueves, 6 de agosto de 2009

CORRUPCIÓN, AMBICIÓN Y MIEDO, Moisés Leonardo Rodríguez.




Cabañas, Habana, 6 de agosto de 2009, (SDP) Explicaciones diversas han dado desde académicos hasta hombres de a pie a la permanencia en el poder por más de cincuenta años del grupo encabezado por Fidel Castro.

El análisis de las dictaduras de su tiempo llevó al Apóstol de nuestra independencia, José Martí, a exclamar: “¡Cuánto cómplice encuentra la tiranía en la corrupción, en la ambición y en el miedo!”.

El diseño castrista de la sociedad incluye la total dependencia de los individuos del Estado paternalista controlado por el presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de turno. No en balde el heredero aseveró en una ocasión: “Fidel es nuestro papá”.

Entre los mecanismos de sometimiento y control se encuentran los insuficientes salarios que obligan a actuaciones ilegales en pos de cubrir las necesidades básicas. La “tolerancia” oficial de estas actividades y el hacer sentir culpables a los individuos todo el tiempo, permite mantenerlos en la cómplice inacción cívica y política de muchos disidentes.

Es además frecuente la corrupción de funcionarios que reciben pagos para abusar de sus cargos públicos en favor del que remunera. Es corrupción de los de a pie el desviar recursos (robar) de sus centros de trabajo o comprar sus frutos para el ejercicio de actividades por cuenta propia.

Los envueltos en las múltiples y numerosas formas de corrupción resultan efectivamente cómplices de la tiranía. Aún cuando algunos son disidentes, consideran que involucrarse en política, e incluso en la defensa de los derechos humanos, puede afectar el status alcanzado. Devienen así dóciles consentidores de las arbitrariedades del poder y se adaptan a vivir con derechos mermados e incluso violados sin chistar. Cómplices por omisión al menos.

Como una muestra más de la inviabilidad de los diseños excesivamente centralizados, “el hombre nuevo” formado durante el proceso revolucionario, lejos de preferenciar los estímulos morales, manifiesta un gran individualismo centrado en el consumo material.

Ello lleva a muchos, jóvenes sobre todo, a la prostitución, las bodas por conveniencia con extranjeros, la comisión de delitos en pos de ingresos fáciles y otras aberraciones de la conducta asociadas a la corrupción del carácter y la ambición sin límites.

Maltrato al usuario, robo en el peso del producto ofertado, mala calidad del servicio prestado y maltrato a la “propiedad del todo el pueblo” que casi nadie siente como suya, son solo algunas de las manifestaciones de la desmedida ambición divorciada de toda ética en la sociedad cubana. Pocas veces el hombre ha sido lobo del hombre tanto como en el socialismo cubano.

Formas sutiles pero omnipresentes de control y represión desde la cuna hasta la tumba, y la ocultación de sus víctimas tras la vitrina de los “logros de la revolución”, han hecho del miedo una de las formas de existencia del cubano.

El miedo por si solo explica el silencio cómplice de los que no pueden ser chantajeados por practicar la corrupción ni ambicionan desmedidamente.

Permitir todo lo que dicta el poder hasta que no nos afecte directamente, e incluso en muchos casos en que esto ocurre, es determinado por la corrupción, la ambición y el miedo, combinados en diferentes proporciones.

Estos son tres factores clave de la ecuación que ha contribuido a la permanencia de los que llegaron al poder en 1959 con la promesa de eliminarlos. Los objetivos de la Revolución quedaron pendientes. Los de quienes se adueñaron de ella se han logrado hasta hoy.
corrientemartiana2004@yahoo.com