jueves, 6 de agosto de 2009

LICENCIA DE CONDUCCIÓN, Víctor Manuel Domínguez



Centro Habana, La Habana, 6 de agosto de 2009, (SDP) Las autoridades cubanas están necesitadas de una licencia para conducir los destinos del país. De algo que los enseñe a no pisar el acelerador y el freno a la vez.

No se debe anunciar el inicio de aperturas de boca para afuera si desde el mismo organismo, en similar instante y al mejor estilo de un ventrílocuo cirquero se ordena cerrar las puertas.

En todos los sectores está ocurriendo igual. Los llamamientos de apertura, descentralización económica, autonomía, iniciativas individuales y espíritu crítico, entre otros factores que permitan el buen funcionamiento del Estado, se quedan en las intenciones o en el papel.

Los periodistas, encargados de conformar un estado de opinión que permita aceptar la imposición del rumbo del país, así como de dar a conocer cada propuesta de un poder que lo controla todo, no están exentos de la ecuación acelerar y poner el freno a la vez.

Durante el recién celebrado II Taller de Periodismo Alma Joven, fueron abordados los frenos que impiden acelerar un proyecto que rompa con esta dicotomía en el ámbito socio cultural.

La opinión de algunos de los participantes en el evento, publicada en la Revista Universitaria Alma Máter (julio 2009, No. 477) bajo el título Rompiendo Estereotipos, “periodista(s) y Decisor (es), un patrón recurrente, pero no redundante”, recorre esta problemática en el caso de los estereotipos.

De acuerdo con lo expresado en los debates por Hilario Rosete Silva: “Somos especialistas en promover y, dos pasos más allá, cortar el debate”.

Este criterio, derivado del reiterativo acelerar y poner freno a la vez, es producto de la censura de los decisor(es), como nombran los periodistas a quienes deciden cuál es el tema, la forma y el contenido del trabajo a publicar.

Además, por causa del estereotípico facilismo, acomodamiento y autocensura que muestran los periodistas tanto en la prensa plana como en los medios audiovisuales cubanos.

Estas expresiones de algunos de los periodista presentes en el taller, están emparentadas con las dificultades para romper estereotipos socios culturales en el país. Nunca políticos. Jamás en torno a los derechos ciudadanos.

Los nocivos estancamientos perceptibles en la moda, la música, el rol de géneros, el regionalismo y otras fotografías amarillentas que empañan cada nuevo aniversario de la nación, subvierten el alma pero no las palabras de los informadores.

Crear debates provocadores que aborden y desmovilicen los estereotipos de repas, mickies o freakies en que se encuentra encasillado un sector importante de la juventud, es uno de los propósitos del taller.

Otro, abrir un foro de participación donde se discutan las razones para la supervivencia del estereotipo que asegura los orientales son palestinos; los habaneros, engreídos; los pinareños, bobos, y a los camagüeyanos, segregacionistas, serviría para ahondar en la perspectiva de unidad o sálvese el que pueda.

Pero nadie convocó a un debate sobre el derecho a desarrollar la iniciativa privada, a salir y entrar en el país, disentir fuera del asfixiante manto de la revolución, o siquiera a expresarse libremente.

Ante un acelerón y un frenazo así, no está demás recordar que el ejercicio del periodismo no está emparentado con gimnasias ni malabares. Tampoco con inmersiones ni poses de avestruz.

Como bien señalara Rosete Silva: “Todos tenemos algo que decir; en cada uno subyace una historia en espera de que aparezca el periodista capaz de divulgarla. No esperemos condiciones ideales. Vivir las resistencias al cambio es un gaje del oficio”.

Ya es hora. Pero ojalá y no haya que suspenderle la licencia de conducción porque olvide quitar el pie del freno cuando apriete el acelerador.
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