jueves, 6 de agosto de 2009

LA LECCIÓN HONDUREÑA, Oscar Mario González




Playa, La Habana, 6 de agosto de 2009, (SDP) Los hechos recientes acaecidos en la república centroamericana de Honduras, cuyo alcance y consecuencias aún están por ver, arrojan un saldo de enseñanzas, no sólo para los gobiernos del continente sino para toda la comunidad mundial.

Lo más importante de la lección hondureña viene dado por la nocividad que para la verdadera democracia representa el esquema populista disfrazado con el pomposo nombre de socialismo del siglo XXI, cuya meta final es sumir a la región en un tipo de totalitarismo a partir de los instrumentos democráticos establecidos y universalmente aceptados. Se trata pues de matar a la democracia con sus propias armas, utilizando el marco legal que ella concede.

La línea estratégica es idéntica auque en cada país pueda adoptar modalidades y peculiaridades a tono con las exigencias locales. Se basa en tres momentos básicos: acceso al poder político mediante el sufragio universal; modificar la carta constitucional para ajustarla a los fines y exigencias totalitarias y debilitamiento sistemático de la sociedad civil con la consiguiente potenciación del poder del estado hasta la definitiva absorción del cuerpo social.

La peculiaridad de toda esta pretensión política es que se apoya en la máxima democrática de soberanía popular lo cual la identifica con el difunto socialismo real y con el fascismo: lanzar las masas a las calles en una lucha de barricadas, asaltos, pachangas callejeras, festivales, congresos y romerías. Fanatizarlas con el arma ideológica y embullarlas con alguna que otra dádiva de la riqueza creada por el capitalismo para luego repartirles el único resultado de tan descabellada y pérfida acción: la miseria.

Otro momento importante derivado de los acontecimientos hondureños tiene que ver con la hipocresía e inconsistencia de los gobernantes de la región. Proceder tan falso y bochornoso que por momentos parece justificar ese sentimiento reinante en el ánimo de muchos ciudadanos, de negarse a participar en la cuestión política por considerarla sucia y deshonesta.

Así pues, Raúl Castro, sucesor del hermano en la dinastía de Birán, emerge como defensor de la democracia. El ex golpista Hugo Chávez se alza como acérrimo enemigo de los golpes militares y el viejo lobo de Nicaragua, Daniel Ortega, con el estigma del reciente fraude de las elecciones municipales, se autoproclama celoso guardián y admirador de la institucionalidad democrática.

Hasta llegaron a formar una comisión para que viajara a Honduras a fin de restituir a Manuel Zelaya en la silla presidencial. La comisión estaba compuesta nada menos que: por la señora Cristina Fernández, quien pretende ganar la popularidad foránea que le niega su país, donde es rechazada por el electorado argentino; Miguel De Escoto, ex sacerdote, ex ministro, ex parlamentario, cuya única credencial conservada es la de furibundo defensor del totalitarismo cubano y enemigo ciego de los Estados Unidos; Miguel Insulza, que cual nocturno mariposón, unas veces se inclina a la a izquierda y otras a la derecha y que, como Vicente, va adonde va la gente. Finalmente Rafael Correa, quien junto a Chávez, Daniel Ortega y Evo Morales, forman las cuatro patas de la mesa populista auto bautizada como socialismo del siglo XXI. Poner de mediadora a semejante comisión es echarle leña al fuego; es algo así como asignarle al gato la custodia del pescado. Y toda esta locura con la aprobación de la OEA.

José Manuel Zelaya, verdadero iniciador de todo este drama con estructura de comedia cuyo mayor doliente es el pueblo hondureño, ya no aparece desafiante acaudillando a sus partidarios por las calles de Tegucigalpa y llamándolos a desobedecer a las instituciones democráticas de Honduras; ahora, con cara de carnero degollado, arenga al mundo contra su propio país, donde el peligro de una invasión foránea no es nada ilusorio. Después de cogerle el gusto al jamón y no haber podido entrar, dice que volverá.

En fin, demonizando a los catalogados de golpistas y angelizando al defenestrado Zelaya, todos en esta parte del mundo ponen el grito en el cielo mientras que el eminente peligro nuclear representado por las tiranías de Irán y de Corea del Norte pasaba a ser asunto de menor monta sobre lo cual apenas se hablaba.

Los medios de comunicación atiborran a uno con tanta información sobre Honduras donde, dolorosamente, ya hubo que lamentar la muerte de un joven. Pero mientras los miembros del ALBA deliberaban sobre las nuevas medidas a tomar en torno a la situación hondureña, en una región de la inmensa China, la camarilla gobernante asesinaba a 156 personas que protestaban contra la dominación comunista. El periódico Granma sólo recogió la noticia dos días después de los hechos. Así andan las cosas por Cuba y por el mundo, donde la hipocresía también parece estar globalizada.
osmariogon@yahoo.com