jueves, 6 de agosto de 2009

TEXTÉAME, PAPICHULI, Antonio Conte

Miami, USA, agosto 6 de 2009 (SDP) El anuncio de televisión de una empresa de teléfonos celulares arremete sin piedad contra todo lo que se mueve y habla: “Textéame, papi. Vamos a textear, mamichuli, que te doy mil minutos por $20 al mes y free después de las 7 y fines de semana”.

Estos simbombazos contra el idioma se agregan a “faxeame que la línea está abierta”; “llámame patrás” y al otro que ya pasó de moda porque los aparatos se fueron a bolina con tantos satélites y celulares: “bipéame, Pancho, que estoy en la 95, vaya, pa’darme pista y comer más alpiste”.

Se trata de mangos con bacalao que inundan los medios, sabrosos garabatos en boca de cubanos que, entre el “guerever” y las masas de puerco fritas han convertido la ciudad de Carlos Álvarez en el paraíso del kiribombo.

La compañía es norteamericana, pero el anuncio va dirigido a esos inventos conocidos como hispanos y latinos, porque aquí nadie es colombiano, dominicano, argentino, peruano, nica, tico, cubiche, mexicano. Nacimos en Hispania y Latinia, y al orgullo latino le ronca la carabina; aunque nadie sabe donde quedan esas naciones, porque ni siquiera tienen butaca con Insulza, que le regala un puesto a cualquiera en su buchinche de la OEA.

Las chachas latinas son las más lindas, santas, calientes. ¿Y eso con qué se come? Con malanga y camarones, al son de la música tropical; no samba, no vallenato, no mambo, cha cha chá ni merengue, porque se trata de quitarle a uno la última guaracha de identidad que le queda.

Los postres del banquete son los años 80, 60 y 90, servidos por los magníficos presentadores de nuestra hispánica televisión, que le agregan el toque plural para ser más refistoleros. ¿Ya comistes? ¿Cuándo vinistes? ¿Dormistes bien anoche? Es como jugar al chocolongo sin bolas ni huecos, mientras estudiantes, obreros, ejecutivos, machos y hembras, asisten displicentes al asesinato del castellano, sin que nadie ponga el grito en el carajo, porque todo vale en aras de vender 4 chambelonas más la semana que viene.

¿Para qué sirven maestros, escritores y académicos si se permite que los tarugos acribillen el concepto primario y sumario que es la palabra, sin importar su categoría sintáctica, a saber, por arribita: sustantivo, adjetivo, verbo? A ninguna dama ni caballero de prime time, en vez de machacarnos a diario con la marca de la ropa interior que usan los Castro, se le ocurre darle agua al dominó y salvar del naufragio lo que parece que ya no rescata ni Chacumbele.

La maroma de los comentaristas deportivos para cambiar final por finalísima es un primor ideológico. “¡Mañana corren la finalísima Papaíto Piernas Largas y Juanelo El Lince! ¿Qué es finalísima, queridos? Algunos fanáticos de Los Ángeles Galaxy declaran con las venas hinchadas: “Cada vez que vemos a Beckham en la cancha se nos recalienta el tubo de escape”. Frase complicada para los narradores deportivos, que cambian palo para rumba y meten otro cubo de cemento en el edificio del disparate: “Cada que los fanáticos se acuerdan de David.” ¿Cada que qué, señores? ¿Qué les pasa?

Como estamos en la Yuma, la Secretaría de Educación no tiene por qué meter las narices en algo que no le va ni le vuelve, porque el crimen es nuestro, no de los que escriben ni hablan en English. Las organizaciones dedicadas a luchar contra la deportación de ilegales, a saber, Atapiñados Pro USA, asociación por la libertad de los que vienen y no se quieren pirar, pueden hacer campaña no sólo para chamullar inglés como Dios manda sino para que sus afiliados aprendan a hablar y escribir en español.

Los partidos políticos, emisoras de radio, municipios en el exilio, gobiernos provisionales acampados en Tampa, Hialeah y Homestead, deben poner orden entre balseros, veteranos de Camarioca, comisionados, alcaldes, industriales, peloteros, hijos, sobrinos y entenados, para que no sigan hispanios y latinios nacidos en Cuba y la Yuma dándole jaquimazos a la lengua cada vez que Margarita testea con Carlucho y le dice: “Papichuli, llámame patrá que te estoy texteando y guerever you don’t te pones pa mi calavera”.

¡Qué dura, Remigia, pero qué dura es la vida de un alcalde de Miami!
ACONTE1812@aol.com