jueves, 9 de abril de 2009

CARTA AL MINISTRO DE CULTURA


A : Abel Prieto
Ministro de Cultura de Cuba

I

Escribimos esta carta cuestionando su cargo y la moral del gobierno cubano que resulta ser cada vez más falsa por lo que hemos podido apreciar a raíz de una serie de comentarios que hemos recibido mediante correo electrónico después de realizar las primeras presentaciones de la Obra-Catálogo Número 1, realizada para circular por Internet durante la Bienal de La Habana. Comprobamos que evidentemente ha sido interceptada por la Seguridad del Estado de Cuba.

Ya usted debe conocer las intenciones conceptuales de la misma. En ella proponemos un análisis de la producción simbólica contemporánea del país, mostrándola como el resultado de las relaciones de poder con respecto al gobierno cubano, que al censurar, cuestionar y destruir determinadas propuestas de arte, mucho más coherentes y mucho más auténticas en sus relaciones contextuales reales que las propuestas que son aprobadas oficialmente por el régimen, lo que se promueve como arte cubano contemporáneo son sólo aquellos proyectos que no presuponen posibles incisiones sobre los problemas culturales, sociales y políticos reales. Oficialmente sólo se promueven las propuestas que no pretenden ir más lejos de meros análisis estéticos, referentes a características formales. La legitimación de estas, como únicas propuestas, muestran al mundo una imagen si no equivocada, cuando menos incompleta de lo que sucede en el campo de la cultura y del arte cubano actual.

Es decir, estas obras a las que la política gubernamental de Cuba ofrece vía libre de realización y legitimación, no sólo carecen de un análisis de su propia génesis como producto simbólico, capaz de establecer vínculos que representen los intereses reales de la cultura o de la producción de la cultura mediante el arte cubano actual sino que ni siquiera establecen vínculos con su propia historia como producto cultural. Sin embargo son precisamente estas características las que convierten ese tipo de obras en representativas de la incapacidad de las instituciones del gobierno, que mediante su proyección política sobre las instituciones culturales cubanas, pretenden legitimarlas como lo más representativo del arte cubano contemporáneo, mediante tales reconocimientos de lo típico de la producción artística nacional.

Pero la Obra-Catálogo número 1 también una denuncia de los métodos de vigilancia y control que se realizan en Cuba con respecto a toda actividad cultural que se propongan realizar los intelectuales y artistas en la isla. Métodos que no solo cuentan con la labor de los agentes de la contra inteligencia sino que usted, señor ministro, es uno de los principales colaboradores.

Precisamente esta obra ha sido interceptada y censurada debido a la presencia de elementos que refieren directamente los condicionamientos socio culturales y políticos del arte cubano actual, razón que demuestra abiertamente como actúa esa política corrupta de la cual usted es uno de los principales artífices, mediante la legitimación de propuestas enajenadas y la censura de otras obras que trata de negar, aunque continúen generándose pese a sus esfuerzos.

Supuestamente un Ministro de Cultura tiene dentro de sus deberes el estudio y el análisis necesarios para comprender la producción cultural y artística de su país y contribuir a su divulgación en lugar de tacharla. Un Ministro de Cultura debe buscar soluciones eficaces para que las obras o acciones culturales consigan llegar a todos, para que se proyecten y se comprendan las complejas relaciones de significados que articulan la cultura y cuya riqueza no sólo radica en la diversidad de proposiciones y puntos de vista sino en la posibilidad de generar valores positivos mediante una conciencia basada en la libertad de percibir y expresar el presente, en lugar de buscar la reafirmación cultural en la historia, ya tan manipulada y en las posibles herencias ideológicas de la política actual de Cuba, mediante las manifestaciones más enajenadas del arte, esto, entre otras muchas cosas.

¿Cómo pretende que Cuba pueda ser un país culturalmente libre cuando usted mismo lleva a cabo las medidas de censura de una obra y cuando usted mismo lleva a cabo las medidas de desestímulo de los propios creadores y artistas cubanos, por el hecho de referirse a su realidad y por cuestionar los efectos políticos que inciden directamente sobre el campo del arte y la cultura?

¿Cómo cree que merezca respeto cuando colabora directamente con los organismos represivos del gobierno encargados de limitar la producción artística y cultural del país en que usted ejerce como Ministro de Cultura?

Usted es el dirigente de un ministerio que es en extremo corrupto, pero no sólo por el tráfico de personas que sus trabajadores realizan constantemente y que son los mismos que para firmar un trámite de viaje a cualquier artista, este les debe hacer un regalo de antemano, preferiblemente en metálico. Su institución no es corrupta sólo porque implica que cuando se venda la obra de cualquier artista (preferentemente emergente) este tenga que darle luego parte de su dinero a determinadas personas para que le sigan tramitando la venta de sus obras, incluso después de haberles tomado el 35 % como impuesto tributario. Su institución está degradada de antemano por la inmoralidad que recae sobre usted como su primer dirigente, está corrupta porque por encima de los valores artísticos y culturales de una obra de arte, coloca las prioridades y medidas políticas propias de las dictaduras totalitarias.

¿No le da vergüenza figurar en estos documentos -que aparecen en la Obra-Catálogo número 1- como colaborador de un aparato macabro destinado a perjudicar no solamente la profesionalidad sino también la vida personal de los propios artistas e intelectuales cubanos?
II
Mediante la presente, aclaro que ni mi esposa ni yo pertenecemos a grupo disidente alguno ni recibimos dinero de nadie por hacer la Obra-Catálogo número 1 o por elaborar ese tipo de cartas. Lo que hacemos es desde una posición bastante aislada del mundo de la política, ante todo somos artistas y hemos sido perjudicados por el sistema y sus métodos de confinamiento y control. El derecho a la libertad de expresión, contrariamente a lo que nos dijeron siempre, lo hemos tenido que buscar fuera de Cuba.

Defender la libertad de circulación de una obra no es politiquería, es el derecho de todo artista que cree en lo que hace y que propone su obra como referente cultural, cosa que incluso ya hicieron muchos artistas de la post-vanguardia, que mediante el activismo político-cultural lograron transformaciones reales en sistemas culturales con conflictos diversos.

En Cuba sucede una cosa que es realmente triste en sus artistas emergentes y que es provocada por una especie de desánimo o resignación –que un sociólogo podría explicar mejor que nosotros- que se basa en la idea de separar el arte de la política porque supuestamente esto no lleva a nada.

Nosotros recibimos algunos correos de compañeros nuestros como resultado de una carta dirigida a Rubén del Valle, donde algunos cuestionaban nuestros presupuestos como artistas y una posible relación hacia la política. Muchos estando verdaderamente confundidos nos comentaban que la política era un oportunismo y que allá en Cuba todo eso era cosa del gobierno y que no deberían ser los intereses de un artista.

Nosotros preguntamos:
1- Luego de haber vivido en Cuba durante tanto tiempo ¿La política gubernamental de una cultura masificada y de un país culto –teniendo en cuenta ciertas estadísticas- ha tenido efectos positivos reales en los valores éticos y morales de la actitud de sus ciudadanos y creadores, valores que se reflejen en el comprometimiento y la sinceridad hacia los procesos de investigación y de trabajo, cualidad que caracteriza los verdaderos valores más allá de las cifras de educación que aparecen en las estadísticas?

2- ¿No muestran estos comentarios la repulsa que declaran muchos intelectuales y artistas sobre la actitud panfletaria que produce la política del gobierno cubano en cuanto a la construcción y la divulgación de la cultura y el arte cubano actual? ¿No muestran estos comentarios un desánimo general que nubla incluso el juicio estético al tratar de separar el arte de la política, aunque la obra aborde como contexto conceptual la cultura de un país como Cuba, politizado hasta el absurdo?

3- ¿No considera usted como un fracaso político para el gobierno de Cuba que sus artistas e intelectuales luchen infructuosamente por desarraigar el arte de la política porque les parece que la política no tiene ningún sentido?

Para nadie es secreto que prácticamente todo comentario favorable al gobierno que sea realizado en Cuba por sus intelectuales y artistas tiene generalmente un carácter obligatorio. Estos documentos que forman parte de la Obra-Catálogo Número 1 muestran esa realidad que usted censura.

Usted dijo una vez en pleno Período Especial, como respuesta a un cuestionamiento de Fidel Castro, que los artistas y escritores cubanos se quedaban fuera de Cuba por la falta de recursos inexistentes en el país para producir sus obras, alegando que no se trataba de una cuestión política sino simplemente económica.

Estos documentos muestran entre otras cosas, que muchos de los que se quedan no lo hacen por la ausencia de recursos sino por la ausencia de libertad y la carencia de apertura por parte de los mecanismos oficiales hacia sus proyectos de arte.

Por otro lado, que los artistas e intelectuales que residen en el extranjero no se queden definitivamente se debe al hecho de que el gobierno no es el país, como han querido asociar ambos términos, que difieren ampliamente en cuanto a significado y si no expresan actitudes más críticas en cuanto al sistema, es para que no se le niegue la entrada como a nosotros, o de aceptarla no tener problemas mayores una vez dentro.
III
Hace algún tiempo leí en un artículo publicado en el periódico Granma, un comentario sobre una actitud bastante manejada en el pensamiento de las sociedades contemporáneas, señalaba a modo de denuncia entre las nuevas formas de censura que se promueven actualmente; la censura que se promueve mediante el silencio.

¡HIPÓCRITAS!

¿Dónde está la respuesta a todas las cartas que enviamos al Consejo Nacional de las Artes Plásticas, a usted como Ministro de Cultura y al Comité Central? En ellas hacíamos un análisis detallado de algunas propuestas estéticas que habían sido excluidas de la VIII y IX Bienal de La Habana, propuestas que ni siquiera corrieron la suerte de ser analizadas por los corruptos mediadores, supuestamente curadores, que constituían el Comité Organizador de la Bienal sin carácter o criterio curatorial alguno.

Es mucho más fácil para ustedes no prestar atención a los asuntos reales, ya que de lo contrario tendrían que llevar a cabo grandes reestructuraciones dentro de ese Comité Organizador de eventos culturales como la Bienal de La Habana. Sus organizadores, pasado el tiempo e intentando establecer otro tipo de relación, me pidieron dinero para permitirme llevar a cabo la nueva propuesta para la X Bienal (y puedo darles nombres y pruebas reales, tengo grabaciones de audio). Por supuesto, no acepté tales proposiciones.

La respuesta que nunca recibí de usted a las cartas, la encontré en estos documentos que mostramos en la Obra-Catálogo Número 1 que de ser leídos por los artistas que hoy participan en la X Bienal y de ser ellos honestos y optar por un criterio sincero, no participarían de un evento permeado de tales manipulaciones y orientado a fortalecer mecanismos de confinamiento que implican el deterioro de su propia imagen como artistas, mediante su colaboración con la política exterior del gobierno y la falta de moral de un Ministerio de Cultura completamente corrupto.

Muchos son los intereses que se debaten en este evento, su consecuencia cada tres años es la asistencia de propuestas artísticas legitimadas por el sistema, que actúan como trasfondo de los propósitos reales del mismo. Estos documentos demuestran la manera en que estos artistas y curadores son sometidos a los intereses políticos del sistema incluso desde lo personal, al igual que los participantes tanto extranjeros como cubanos, controlados por las individualizadas estrategias de la Seguridad del Estado. Muestran como algunos artistas colaboran con el MININT a cambio de beneficios que todos conocemos y como son denegadas las presentaciones de otras obras en el evento, solo por la suposición o malinterpretación de supuestos contenidos políticos-ideológicos negativos, además de las medidas que se toman tanto en lo personal como en lo profesional en estos artistas, medidas que haremos notar en los últimos correos de la Obra-Catálogo.
Estas formas de censura reafirman una vez más la imposibilidad que tienen los que viven y trabajan en Cuba de tener acceso a una propuesta de arte como la Obra-catálogo Número 1 que muchos especialistas, artistas, curadores y público en general reconocen a pesar de su negativa de que esta obra circule en Cuba.

ALEJANDRO GONZÁLEZ Y YENY CASANUEVA
ARTISTAS PLÁSTICOS

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